15 oct. 2011

Aunque parezca mentira

Te echaba tanto de menos que para mí se convirtió en una costumbre. Para mí, lo normal era sentir un dolor agudo en el lado izquierdo de mi pecho en cada momento y buscar tu cara entre la gente de cualquier sitio al que fuera. Hasta que un día conocí a alguien y cuando lo vi no lo comparé contigo, cuando sus labios rozaron mi mejilla no imaginé que eran los tuyos y cuando me sonrió no recordé cada vez que tu me convencías de cualquier locura con una sonrisa. Y entonces me di cuenta de que ya no te quería, de que mi corazón ya no sangraba por ti y de que había llegado el momento de quitarme esas tiritas que después de tanto tiempo se habían hecho feas, que ya no las necesitaba. Que era verdad, que el tiempo lo cura todo y un clavo saca otro clavo, aunque parezca mentira.

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