22 ene. 2012

Eso saltaba a la vista


Desde que Ray se había ido D no había vuelto a ser el mismo y eso saltaba a la vista. Ya no quedaba ni rastro de su risa, de sus ganas, de su ilusión. Ahora que estaba sin él se había dado cuenta que estaba más solo de lo que nunca podría haber imaginado. Se había centrado tanto en sí mismo que había ido perdiendo amistades y el miedo que tenía a mostrarse tal como era había creado una distancia insalvable con su familia.
Llegó a casa tarde, de madrugada, después de haberse pasado la noche solo perdido entre bares, con la  vana esperanza de encontrarse a R en alguno de ellos. Lo que más le apetecía en aquél momento era darse una ducha para despejarse, pero si lo hacía despertaría a sus padres y estos verían lo borracho que iba. Se quitó la ropa y cuando se iba a meter en la cama un débil carraspeó lo llamó desde la puerta. Era su hermana pequeña. Iba descalza y abrazada a su oso de peluche.
- ¿Puedo dormir esta noche contigo? Es que tengo miedo, escucho ruidos en mi habitación y si se lo digo a los papás seguro que se enfadan.

1 comentario:

ensalada Rusa dijo...

ja, no habla muy bien de los padres eso!