13 nov. 2011

Tarde, como siempre

    -    Tú nunca sabes lo que quieres, pequeña.
    -   Mentira. Yo siempre lo he sabido, te quería a ti. El problema es que tú nunca te dabas cuenta. Que si un día decía que adoraba la lluvia era porque adoraba verte correr con el pelo revuelto y mojado bajo ella, que si al día siguiente decía que lo que adoraba era el sol era porque había estado contigo tomándolo durante el recreo. ¿Por qué no lo entendiste nunca? Que me daba igual que hiciera frío o calor, que fuera lunes o sábado. Que yo lo único que quería era verte sonreír, tocarte el pelo y que arrugaras la nariz. Nunca quise nada más. Pero tú te empeñaste en ser mi amigo.
    -  Al menos lo entiendo ahora.
    -  Ahora ya no hay nada que entender.

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