1 nov. 2011

Jodidamente egoístas

Y entonces, se echó a llorar. Y lloró hasta quedarse seca. Después de siete años había llorado. Después de haber sido incapaz de llorar cuando su madre había entrado en casa, la había mirado y le había dicho ya no veremos nunca más al abuelo. Tampoco fue capaz de llorar cuando dos años más tarde su padre entró en la habitación con los ojos llorosos y le dijo la abuela se ha ido para siempre.Nunca se había sentido sola hasta ahora, y por eso lloraba. Porque entendió que ya no podría bajar dos pisos y sentarse en el sofá con ellos a ver la tele. Porque cuando su madre la castigara sin merendar ya no podría bajar para que él le diera comida a escondidas.Porque tampoco podría irse con ella al parque a que sus amigas le dijeran lo buena nieta que era. Claro que los había echado de menos, pero nunca los había necesitado, hasta ahora. 
Lloramos porque somos jodidamente egoístas. No porque esa persona no vaya a vivir más, sino porque cuando los necesitemos no estarán ahí, porque ya no podremos compartir con ellos nada, nunca más. Por eso y solo por eso lloramos, por puro egoísmo.

1 comentario:

Melodías Agridulces dijo...

Tienes razón, en parte. Lo que más nos duele cuando perdemos a alguien es que no a va a estar ahí para nosotros.
Muy lindo blog! te sigo, beso :)