1 dic. 2011

Princesa

Rápidamente Eduard se puso recto y pidió disculpas. Anna miró a su hija esperando una respuesta semejante. Pero no la encontró. Minerva le mantuvo la mirada desafiante, sin agachar la cabeza como había hecho hasta ahora cada vez que la regañaba por su comportamiento.
-  ¿No piensas disculparte?
No obtuvo respuesta. Minerva se levantó y se fue. No la volvió a mirar, tan solo abrió la boca para decir un adiós a su hermana y al prometido de esta.
Llevaba varias horas caminando por la ciudad. Ya había cumplido los 17 años y a pesar de ello nunca había salido de fiesta. Y menos aún por estas calles que estaban reservadas para los bares y clubes de los suburbios, así que se había perdido entre carteles luminosos y humo. Decidió entrar a un bar cuando el frío le empezó a quemar la piel. Llevaba los hombros al aire ya que se había dejado la chaqueta en el respaldo de la silla, tras marcharse tan apresuradamente. Parecía un sitio tranquilo, un grupo de jóvenes jugaban al billar y sus risas llenaban el local por encima de la música indie que salía de unos viejos altavoces. Una pareja bebía cerveza en la barra. Se sentó en el extremo opuesto a ellos, esperando pasar inadvertida. Pero alguien la había seguido con la mirada desde que había traspasado esa puerta.
-   ¿Qué le pasa a esta princesa? ¿No será que le han robado sus zapatitos de cristal?

/¿No entiendes nada?
Claro, la primera  parte de esta historia está aquí.
No te pierdas el principio que esta historia va para largo!

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