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19 feb 2012

Yo nunca he sentido nada parecido


Minerva no le respondió. Se limitó a darse la vuelta en la cama y a intentar dormir. Él se quedó mirándola, era una chica muy guapa y por lo que había conocido de ella también era inteligente y dinero no le faltaba, no entendía entonces por qué reaccionaba de aquella forma ante algo tan natural como era el sexo. Se dio cuenta de que aún llevaba ese vestido que tanto le había llamado la atención cuando la vio entrar por la puerta de su local.
- Minerva, ¿piensas dormir con ese vestido?
- Sí, aunque se que preferirías que lo hiciera desnuda.
- No es eso idiota, pero parece bastante incómodo- y lo era- toma esta camiseta, es mucho más cómoda- le lanzó una camiseta del montón de la ropa limpia, ¿o ese era el montón de la ropa sucia?
- Vete, yo no pienso cambiarme aquí como has hecho tú.
- Está bien, me giraré, prometo no mirar, pero date prisa o no podré aguantar la tentación de tener a una chica tan guapa desnuda en mi cama.
Minerva medio sonrió. Él se giró con los brazos cruzados en el pecho y se puso a mover los pies impacientemente. Ella empezó a quitarse el vestido y a ponerse la camiseta lo más rápido que podía, sin dejar de mirarle para vigilar que no se girara y rezando interiormente para que no lo hiciera, ¡entonces si que se moriría de vergüenza! Hubo un momento en el que él hizo un amago de girarse, pero ella chilló y se tapó los pechos desnudos con la camiseta de él.
- Ya está.
- Menos mal, pensaba que te habías quedado dormida mientras te cambiabas.
Ella se volvió a girar mirando hacia el balcón y dándole la espalda a Alex. Él se tumbó boca arriba, a pesar de que estaba terriblemente cansado, no podía dormirse, ¿cómo iba a hacerlo notando la respiración de aquella chica tan, tan cerca de él? Ella tampoco podía dormir, no paraba de darle vueltas a la cabeza.
- Alex, ¿cómo fue tu primera vez?
Esa pregunta le pilló por sorpresa, él pensaba que ya se habría quedado dormida o que estaría pensando en sus cosas.
- Pues, bueno… Las primeras veces nunca son bonitas, son más vergonzosas y… desastrosas.
- Pero fue con una chica a la que querías, ¿no?
- Bueno, sí, por aquel entonces era mi novia, pero yo solo tenía 14 años no tenía ni idea de lo que era el amor en realidad.
Ella se giró y se puso mirando hacia él. Él también se giró y la miró. En ese momento estaban separados por apenas un centímetro y el aliento de uno calentaba la cara del otro, pero no estaban incómodos, al contrario, estaban tan a gusto que podrían haber seguido así durante años.
- Pero en ese momento tú sentiste que era lo que había que hacer, ¿no es así?- él asintió con la cabeza- Yo nunca he sentido nada parecido.
- ¿Nunca has tenido novio?
- Claro que he tenido novios, pero es que todos son tan… estúpidos. No sé, son tan diferente a mí que aunque al principio me atraigan, cuando los conozco me doy cuenta de que no los soporto, siempre me pasa igual.
- Quizás no los soportas porque son demasiado parecidos a ti.
- No lo creo…- se quedaron un rato mirándose en silencio- ¿Han pasado muchas chicas por esta cama?
- ¿La verdad? Sí, pero no te preocupes que tú eres la más especial, con ninguna he pasado la noche solo durmiendo, ya sabes, siempre hemos llegado más a fondo- le sonrió pero ella no le devolvió la sonrisa, solo se giró y al poco rato cayó profundamente dormida.
Él siguió largo rato pensando, pero la respiración acompasada de Minerva consiguió amodorrarle lo suficiente para dormirse.

/Final del capítulo 1, ¿qué os ha parecido? :)

30 ene 2012

¿Piensas compartir la cama con un depravado?


Minerva se tiró encima de la cama e intentó acapararla toda con los brazos. Alex simplemente se encogió de hombros, dándole a entender que le daba igual. Entonces empezó a quitarse la ropa. Al principio ella no se había dado cuenta ya que se había tumbado boca abajo y estaba descansando, cansada de tanto andar y bailar. Pero él le lanzó los calzoncillos a la cara y ella los apartó con un grito.
- ¡¿Se puede saber que demonios haces?!
- Mi casa, mi cama. Hago lo que quiero, si te molesta ya sabes donde está el sofá.
Alex estaba de pie en frente de Minerva completamente desnudo. Ella impresionada no pudo evitar mirarle el miembro, pero después avergonzada y completamente roja se cubrió la cara con las manos.
- ¡Haz el favor de taparte, cochino!
- Vamos, ni que fuera la primera vez que ves uno- tras el silencio de ella, prosiguió- ¿no me digas que no habías visto nunca uno? ¡Pero si es lo más normal del mundo! Vamos, no seas vergonzosa- al ver que ella seguía sin responderle decidió taparse- está bien, tranquila, ya está.
Él se había puesto unos calzoncillos y unos pantalones que había encontrado tirados por el suelo. Ella se atrevió a entreabrir los dedos de la mano que le cubría la cara y miró a través de ellos. Cuando comprobó que ya se había vestido se incorporó. Seguía con la cara roja, la vergüenza no se le había pasado.
- Será mejor que durmamos de espaldas.
- ¿Piensas compartir la cama con un depravado que te ha enseñado el pene a la primera de cambio?- él se empezó a reír, pero eso a ella no le hacía ninguna gracia.
- Basta de bromas, no me hace gracia que te rías de mí, tu también serías virgen en algún momento de tu vida, ¿no?
- ¡Por supuesto! Y no me estaba riendo de ti por eso, no deberías avergonzarte de serlo. Tan natural es una cosa como la otra.

24 ene 2012

Es muy de príncipe

Pero él tenía razón. Llegar ahora no implicaba ningún  grado de madurez, no demostraba que podía arreglárselas sola, simplemente que sabía irse de fiesta sola. Así que subió. La casa era muy pequeña, y más aún en comparación con la de Minerva. La puerta de entrada daba a un pequeño salón separado de la cocina por una barra. En el salón a penas cabía un sofá, una televisión y una estantería llena de libros. No había mesa donde comer, en la cocina tampoco, pero en la barra, en el lado del salón, había tres taburetes, supuso que comería ahí. La cocina era todavía más minúscula que el salón, a penas cabía una persona cocinando y todos los electrodomésticos tendrían seguramente más años y más kilos de suciedad que ellos dos juntos. Únicamente había dos puertas, una comunicaba con un baño enano. En él tan solo cabía una ducha, un retrete y un lavabo. La otra puerta comunicaba con la única habitación de la casa, que no desentonaba con el resto de la casa, en ella había una cama, no demasiado grande, y un armario, aunque no entendía mucho la utilidad de este, pues toda la ropa estaba tirada por la cama y el suelo de la habitación. Lo único bueno era que tenía un pequeño balcón que daba a la calle donde habían estado minutos antes.
- Perdona por el desorden, pero no estoy acostumbrado a recibir visitas por el día- dijo sonriendo pícaramente.
- Pero solo tienes una cama.
- No te olvides del cómodo sofá que hay en el comedor.
 Ah, bueno, gracias por cederme tu cama, muy de príncipe.
- Ah, no, ¿no creerás que voy a dormir en ese horrible sofá?
- Pues claro, además, ¿no decías que era muy cómodo?
- ¡Era ironía! De ningún modo pienso dormir ahí, es mi casa, esta es mi cama y esa es la habitación de invitados- dijo señalando al comedor.
- Entonces, ¿quién va a dormir ahí?
- ¡Tú eres la invitada!
- ¡Ni hablar!

16 ene 2012

Hace rato que dejó de ser de noche


       - ¿Pero qué dices? Tampoco es para tanto.
     - ¿No? Pues ven demuéstrame que tú sabes hacerlo mejor- le tendió una mano, pero ella la rechazó con una enorme sonrisa.
     - Vale… He de reconocerlo, no está nada mal. ¿Dónde has aprendido a bailar así de bien?
      - Ya te lo he dicho antes, ¡en Puerto Rico!
      - ¿De verdad has estado? Me encantaría ir…
      - Tonta, ¡esto es Puerto Rico!
Se echaron a reír y así transcurrió la noche, después de un par de copas Minerva estaba mucho más dispuesta a aprender a bailar salsa. Y cuando ella había empezado a pillarle el truco los echaron, pues ya estaban cerrando. Habían sido los últimos en salir y a pesar de que el sol ya brillaba en lo alto del cielo, hacía frío. El joven bailarín de salsa se quitó la camisa y se la puso por los hombros a Minerva. A ella ya hacía rato que se le había pasado el aturdimiento que le había producido el alcohol, pero continuaba igual de desinhibida. Echaron a andar sin saber muy bien hacia dónde, pero acabaron en la puerta  de la casa de él. Entonces, se quedaron quietos bastante incómodos.
- Bueno, ¿quieres subir princesa?
- No, lo siento, no puedo- al principio lo dijo muy seria, pero continuó con una sonrisa puesta- mi madre, la reina,  no me permite subir a casa de desconocidos.
- Oh, por dios, ¿después de esta noche sigues considerándome un simple desconocido? Además a tu madre dejaste de hacerle caso en el momento que bebiste de mi copa, ¿y has visto? No te ha pasado nada malo.
- Tienes razón, pero eso no quita que sigas siendo un completo desconocido. De verdad, que príncipe tan maleducado, ¡ni siquiera te has presentado!
- ¡Ah, qué es eso!- se arrodilló le cogió la mano y tras besársela le dijo- my lady, me hacen llamar Alex, pero vuestra merced puede llamarme como ella desee, ¿y a usted, señorita, cómo debo llamarla?
La poca gente que pasaba a esas horas por la calle se les quedó mirando con una mezcla de sorpresa y diversión, pero a ellos no les importaba, ni siquiera se habían dado cuenta de que había gente a su alrededor.
- ¡Basta de formalidades! Después de hacerme bailar salsa, ¡no puedes hablarme así! Llámame Minerva, pero nada de diminutivos si no quieres hacerme enfadar.
- Está bien, Miner- sonrió tras la mirada cargada de furia que ella le había dirigido al escuchar el diminutivo- ¿Subes o te quedas? Si no recuerdo mal, te has ido de casa así que no tienes donde pasar la noche.
- Hace rato que dejó de ser de noche.

8 ene 2012

Puerto Rico


Fueron a parar a un lugar completamente distinto. En la puerta había un cartel luminoso que decía Puerto Rico, y la música que salía de ese local no era para nada indie, era algo mucho más latino. Se habían quedado parados en frente de la puerta, había una cola enorme y un seguridad estaba mirando los DNI de todos los que entraban. Minerva le miró con cara de preocupación, no llevaba el DNI encima, y aunque lo llevara no tenía la edad suficiente para pasar. Pero él solo le dedicó una sonrisa despreocupada, la cogió de la mano y la arrastró hasta la entrada. Se coló de toda la gente que había allí, a pesar de sus protestas, saludó al seguridad de la entrada y entró sin enseñar nada.
 - ¡No puedo creer que nos hayamos colado!
 - No nos hemos colado, los dueños son mis amigos y el seguridad me debe un par de favores, eso es todo.
A Minerva todo eso le daba igual. Era la primera vez que entraba en una “discoteca” para mayores de 18 años y estaba emocionada, miró a su alrededor. Y se dio cuenta de que era un pub de salsa, todo el mundo bailaba en pareja. Se quedó mirando a su acompañante y esta vez fue ella la que rompió a reír.
- No me digas que me has traído a bailar salsa.
- ¿Algún problema?
- ¡Claro! No sé bailar salsa.
       - Pues yo te enseño.
       -  Oh, no, ¿tú sabes?
       - Por supuesto, vengo todas las noches después de mi turno.
       - ¿Y bailas solo?
      - ¡Qué va! Eres toda una afortunada por poder bailar conmigo, a mí nunca me falta pareja.
      - ¿No me digas? ¡Eso no te lo crees ni tú! No conozco a ningún príncipe que sepa bailar salsa, alguno sabe bailar vals, pero poco más.
      - ¡Pues vaya príncipes más anticuados conoces tú! Déjame que te demuestre lo buen bailarín que soy.
Entonces él se acercó a un grupo de chicas que estaban cerca de ellos. Les dijo algo que ella no pudo oír, todas la miraron y después una de las chicas cogió la mano que él le ofrecía y se pusieron a bailar. Aquella chica era muy guapa y verlos bailar juntos hizo que a Minerva se le removiera algo. Había que reconocer que el chico no se movía nada mal, sabía mover muy bien la cadera y eso era mucho más de lo que iban a conseguir todos los estirados a los que ella conocía. Después de un par de bailes, los bailarines se despidieron con una sonrisa en la boca, y él le dio las gracias.
- Ya puedes limpiarte la baba, eh. 


/¡Estas es Minerva!¿Os la imaginabais así?
Ayer me hice Formspring, aún no lo entiendo mucho
 pero si queréis preguntar algo, no lo dudéis y  pinchar aquí

25 dic 2011

La mala del cuento


      - ¿Se puede saber de que te ríes ahora? Yo no le veo la gracia por ninguna parte.
-    - ¿Una persona normal, tú? ¿Tú te has visto? Llevas un vestido que valdrá más dinero que todo lo que hay aquí dentro. Hacia siglos que no veía a nadie entrar en un bar de mala muerte como este con un vestido como ese.
Como era lógico, ella había ido a la cena vestida elegantemente. Llevaba un vestido negro con detalles dorados, por encima de las rodillas, de palabra de honor ceñido hasta la cintura donde lo adornaba un pequeño lazo. Los tirabuzones que se había hecho le cubrían los hombros. Iba maquillada de forma bastante natural, nunca le había gustado llevar toda la cara pintarrajeada, pero le hacia parecer más adulta.
 ¿Qué le pasa a mi vestido? A mí me gusta.
- No digo que sea feo, pero mira al resto de gente que hay aquí, ¿llevan algo parecido?
Le hizo caso y miró a su alrededor. Todo el mundo que había allí vestía más o menos igual, excepto ella. Llevaban vaqueros, rotos la mayoría, zapatillas o converse y camisetas anchas con algún grupo de música o logotipo en el centro. Se dio cuenta de que no pegaba nada allí.
- Tienes razón, no sé como no me han dicho nada…
- Porque este no es tu mundo princesa, seguramente si alguien vestido como ellos hubiese entrado al sitio del que vienes todo el mundo le habría mirado con desprecio e incluso le habrían invitado amablemente a marcharse de allí. Pero aquí no, aquí cada uno es libre de hacer lo que le de la real gana, no digo que no te hayan mirado curiosos, pero ninguno se atrevería a meterse en lo que no les llama. Es otra forma de pensar.
- ¡No vuelvas a llamarme princesa! Me pones nerviosa.
- Está bien no te enfades- se echó a reír, aquella era una chica muy especial, pensó- Pero no me vas a negar que tienes toda la pinta de una princesa sacada de un cuento de hadas.
¿Y dónde está mi príncipe entonces?
- ¿Es que no lo ves? ¡Está delante de ti! Y como se nota que no has venido mucho por aquí, voy a enseñarte mi sitio favorito.
 ¿Tú un príncipe? Si tú eres un príncipe, ¡yo seré la mala del cuento seguro!
Esta vez, rieron los dos.
- Quizás esta vez el príncipe dejé a la princesa tirada y se quede con la mala, quién sabe… - añadió cuando ya estaban saliendo por la puerta del local.

/No me deja subir una foto de Minerva, ¡a la próxima será!
¿Qué tal se ha portado Papá Noel? Conmigo genial
 y espero que con vosotros también :)

15 dic 2011

Todos necesitamos a alguien

I,II y III

Intuitivamente miró el reloj, para eso quedaba más de una hora. Fue a sentarse a una mesa que quedaba en frente de la barra, así podría verle. Apoyó la espalda en la pared, en ese momento él estaba haciendo un coctel jugando con las botellas, aquello se le daba realmente bien. Reía y coqueteaba con un grupo de chicas que acababan de entrar al local y le estaban pidiendo una ronda de chupitos, él se tomó uno también. ¿Habría olvidado la nota que le había dejado a Minerva? ¿O es que eso lo hacía con todas las chicas que iban a su bar? Estaba a punto de marcharse cuando él se giró hacia ella. Una de las chicas se le acercaba demasiado para hacerse una foto, entonces él la miró, puso los ojos en blanco y después le sonrió. Decidió quedarse, no tenía nada mejor que hacer y aún no había pensado donde iba a pasar la noche. Sería muy humillante regresar a casa para dormir, con eso solo demostraría que era una adolescente en plena efervescencia hormonal, y aunque era cierto que lo era, quería demostrarle a su madre que era mucho más madura de lo que todos pensaban.
Llevaba mucho tiempo perdida en sus pensamientos, cuando alguien se situó en frente suya y con una sonrisa le dijo:
 ¿No va a tomar nada más señorita? Lleva una hora con la copa vacía y esto es un bar, hay que consumir.
Minerva se sobresaltó, se disponía a levantarse para irse cuando el chico que se había dirigido hacia ella rompió a reír. Ella lo volvió a mirar, ¡era el camarero de antes! Pero se había cambiado de ropa, ya no llevaba esa camiseta negra con el logo en rosa del local, sino que se había puesto una camisa blanca, arremangada que se ceñía a sus brazos claramente trabajados muchas horas en el gimnasio, y por qué no, tal vez en alguna que otra pelea.
 ¿Dónde quieres que te lleve princesa?
- Querrás decir que donde quiero ir, ¿no? Porque no necesito que nadie me lleve a ningún sitio, bueno, dejémoslo en que no necesito a nadie.
- Uh, una princesa con carácter como a mi me gustan. Pero, aunque fueras la princesa con más carácter del mundo necesitarías a alguien, todos lo hacemos.
- Te equivocas, yo no- ese tipo estaba metiendo la pata hasta el fondo, de normal habría sido difícil hacerla enfadar, por eso de guardar las apariencias, pero esa noche ya había explotado y no iba a aguantar a ningún pamplinas que intentara ligársela de esa forma tan descarada.
- ¿Qué pasa, la reina te ha castigado, te has revelado y has escapado de tu castillo princesa?
- Dios mío, que pesado. Estaba intentando tratarte como si fueras una persona normal pero veo que no hay manera. ¡No hay reina, ni castillo, ni mucho menos soy una princesa! ¿Qué es lo que no entiendes de que sea una personal normal y corriente?
Entonces él rompió a reír, pero eso solo hizo que se cabreara todavía más.

8 dic 2011

¿Y dónde está ahora tu madre, princesa?

Antes de nada, parte I y parte II

Minerva se giró sobresaltada. No se había dado cuenta de cómo el camarero había ido hacia donde ella se encontraba. Le miró durante un largo rato pero no pronunció respuesta. Se dio cuenta de que no llevaba ni un céntimo encima y que no la dejarían estar en ningún bar sin tomarse nada.
-  Vamos, princesa, pídeme algo, lo que sea, que a la primera invita la casa.
-  ¿Lo que sea?- rió divertida Minerva, encontrándole un doble sentido a la frase.
El camarero rió con ella, se giró rápidamente y se puso a preparar un cóctel. Después lo puso en frente de la joven.
-  Se perfectamente que no tienes la edad, pero ese será nuestro pequeño secreto, princesa- se acercó a ella para que nadie más le oyera, después, alejándose, añadió- ahí lo tienes, el coctel de la casa.
Minerva dudó antes de beber. Siempre había tenido claro que no debía beber de un vaso que le ofreciera un completo desconocido, pero aquél no parecía un mal tipo y además esa noche había decidido dejar de comportarse como el resto de gente quería que lo hiciera.
-  Vamos, pruébalo, no puedes saber si soy algún tipo de violador o algo por el estilo si no bebes.
-  Mi madre nunca me dejaría hacer algo así…
-  ¿Y dónde está tu madre ahora, princesa?- se dio la vuelta para dirigirse hacia un nuevo cliente que se había acercado a la barra, sin importarle si Minerva bebía o no.
Eso acabó de convencerla. “Es cierto, mi madre no está aquí”, pensó. Y después dio un largo trago al vaso. Estaba bueno, muy dulce, nunca había probado nada parecido. Pero, bueno, tampoco era que tuviera mucha experiencia en bebidas alcohólicas. Por supuesto, en la jet set no estaban bien vistos los botellones. Eso sí, te sabría diferenciar un burdeos entre miles de vinos diferentes, estaba harta de ir a catas de vinos.
Fue a sentarse a una mesa. Entonces se percató de que en la servilleta que el camarero había dejado al lado de su vaso había algo escrito. “Mi turno acaba a las 3”.

1 dic 2011

Princesa

Rápidamente Eduard se puso recto y pidió disculpas. Anna miró a su hija esperando una respuesta semejante. Pero no la encontró. Minerva le mantuvo la mirada desafiante, sin agachar la cabeza como había hecho hasta ahora cada vez que la regañaba por su comportamiento.
-  ¿No piensas disculparte?
No obtuvo respuesta. Minerva se levantó y se fue. No la volvió a mirar, tan solo abrió la boca para decir un adiós a su hermana y al prometido de esta.
Llevaba varias horas caminando por la ciudad. Ya había cumplido los 17 años y a pesar de ello nunca había salido de fiesta. Y menos aún por estas calles que estaban reservadas para los bares y clubes de los suburbios, así que se había perdido entre carteles luminosos y humo. Decidió entrar a un bar cuando el frío le empezó a quemar la piel. Llevaba los hombros al aire ya que se había dejado la chaqueta en el respaldo de la silla, tras marcharse tan apresuradamente. Parecía un sitio tranquilo, un grupo de jóvenes jugaban al billar y sus risas llenaban el local por encima de la música indie que salía de unos viejos altavoces. Una pareja bebía cerveza en la barra. Se sentó en el extremo opuesto a ellos, esperando pasar inadvertida. Pero alguien la había seguido con la mirada desde que había traspasado esa puerta.
-   ¿Qué le pasa a esta princesa? ¿No será que le han robado sus zapatitos de cristal?

/¿No entiendes nada?
Claro, la primera  parte de esta historia está aquí.
No te pierdas el principio que esta historia va para largo!

24 nov 2011

Minerva

Capítulo 1

Minerva rompió a reír, hacía mucho tiempo que no se lo pasaba tan bien en una de esas noches en las que su madre las obligaba, a ella y a su hermana Bianca, a vestirse lo más elegante posible para pasearse por salones llenos de gente inmensamente rica. El problema era que eran igual de ricos que de aburridos y teniendo en cuenta que la edad no bajaba de los 40 años odiaba ir a esos sitios. Su hermana, mayor que ella, había encontrado la forma de escaquearse la mayoría de las veladas, dejándola a ella con la única compañía de su madre, y esta no era que le hiciera mucho caso precisamente… Pero esa noche Bianca no había podido librarse, en esa velada anunciaran públicamente su compromiso con Eduard. Y él era el motivo de la risa de Minerva. A pesar de que él también era un chico de alta cuna, si no fuera así su madre nunca le hubiera permitido traerlo a un evento como este, no era para nada como el resto de la gente que había por allí. Él tenía modales y sabía guardar las apariencias, pero también tenía 22 años y sabía tomarse las cosas a broma y contar chistes. Mejor aún, sabía imitar la voz de la mayoría de señoras que eran habituales de esas fiestas, y esto hacia que Minerva se desternillara de risa. ¡Por fin compartía con alguien el odio que sentía hacia esas señoras repelentes y estiradas! Y lo mejor de todo, podía burlarse de ellas.
Lo estaba pasando tan bien que por un momento se olvidó de donde estaba, de que su madre seguramente se enfadaría si la viera reírse de aquella forma y de que su padre… Bueno, lo de su padre ya era cosa del pasado. Parecía que hubiesen pasado siglos desde que un maldito cáncer se lo llevó consigo, pero para ella estaba tan presente como si hubiera ocurrido el día anterior. Nunca había congeniado demasiado con su madre, pues a ella no le iba ese rollo de aparentar, de ir de fiesta para mostrar el poder que tienes. No, sin duda ella era como su padre, le apasionaba cada cosa que hacía, por eso solían salirle las cosas bien, puesto que ponían tanto esfuerzo en que las cosas salieran como ellos querían que no había otra forma posible de que salieran. Su madre estaba segura de que todo se conseguía a través de contactos. Ella, en cambio, pensaba que valía mucho más tu propio esfuerzo que todos los contactos del mundo.
Por esto fue la que más sufrió cuando su padre murió. De repente, se encontró sola, en un mundo que no era el suyo y una familia que no la comprendía. Aunque las diferencias con su hermana no eran tan grandes como las que tenía con su madre, Bianca siempre había ido por libre. Tan solo se llevaban 5 años, pero para Minerva Bianca se había convertido ya en una aburrida adulta, con solo 21 años se iba a casar, seguiría estudiando derecho, pero lo dejaría en segundo plano, mientras que le daría mayor importancia a la vida social de su marido. ¿Cómo podía estar cortándose las alas voluntariamente? Por eso ella no creía en el matrimonio, ella no pensaba dejar de estudiar o trabajar por nadie, ella quería tener siempre la seguridad de que podría irse cuando dejara de estar a gusto. Pero, por supuesto, esto era algo que no podía decir en voz alta, pues su hermana y su madre se llevarían las manos a la cabeza.
-  Diablos, Minerva, ¿es que no tienes modales? Deja de reírte de esa forma tan escandalosa, estas avergonzándome delante de todo el mundo.

/ ¿qué os parece? ¿y el nuevo look del blog?
Le he cambiado el nombre porque este era en el que había pensado desde un principio,
y la imagen, ¡es preciosa! La encontré en weheartit así que no se de quién es,
pero le viene que ni pintada al nuevo diseño, ¿no creéis?